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Pero
Abenhumeya, hijo
del valor y la soberbia,
encendido en saña, viendo
cuánto alborota y altera
a sus gentes el perdón,
esto me dio por respuesta:
«Yo soy rey de la Alpujarra;
y aunque es provincia pequeña,
a mi valor, presto España
se verá a mis plantas puesta.
Si no quieres ver su muerte,
dile a don Juan que se vuelva,
y si algún baharí morisco
gozar dese indulto piensa,
llevátele tú contigo
a que sirva en esa guerra
a Felipe, porque así
haya ése más a quien venza.»
Con esto me despidió,
dejando ya en arma puesta
la Alpujarra, porque toda,
ya civiles bandos hecha,
unos «España» apellidan,
otros «África» vocean;
Amar
después de la muerte o El Tuzaní de las Alpujarras
Calderón de la Barca
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LANJARÓN
Fontanal primigenio de nieve viva
que mana de la tierra.
Aroma escondido, soterraño;
castillo abajo, nevero arriba.
Caudal sinuoso,
enhiesto el ánimo.
Ardiente quimera
y quieto tu alborozo.
Albo y verde en concierto.
¡Rutilante eres, Lanjarón!
Poema escrito y enviado por:
Antonio Gualda
http://gualda.galeon.com
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